La planificación alimentaria que se extiende hasta el año 2030 se compone de cuatro líneas estratégicas, diez objetivos y quince programas. Esto demuestra el compromiso de las autoridades por promover una alimentación sana y equilibrada en la población.

Uno de los pilares fundamentales de esta planificación es fomentar la educación alimentaria desde la infancia, con el objetivo de inculcar hábitos saludables desde temprana edad. De esta manera, se busca prevenir enfermedades relacionadas con la mala alimentación y promover una vida más activa y saludable.

Otro de los objetivos principales es promover la producción y consumo de alimentos locales y sostenibles. Esto no solo beneficia a los productores locales, sino que también reduce la huella ambiental y fomenta una alimentación más variada y nutritiva.

Además, se busca mejorar el acceso a una alimentación saludable para todas las personas, independientemente de su situación económica. Para ello, se implementarán programas de apoyo a familias en situación de vulnerabilidad, así como iniciativas para fomentar la compra de alimentos frescos y de calidad a precios accesibles.

Por último, la planificación alimentaria también incluye medidas para combatir el desperdicio de alimentos y promover prácticas sostenibles en la cadena alimentaria. Se busca concienciar a la población sobre la importancia de reducir el desperdicio y aprovechar al máximo los recursos disponibles.

En resumen, la planificación alimentaria hasta el año 2030 tiene como objetivo principal promover una alimentación sana, equilibrada y sostenible en la población. A través de líneas estratégicas, objetivos y programas concretos, se busca mejorar la calidad de vida de las personas y contribuir a la construcción de un futuro más saludable y sostenible para todos.

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