El sábado pasado, este diario publicó un editorial titulado El aceite de oliva, reducido a un algortimo, en el que se criticaba el reduccionismo de un nuevo sistema, europeo, de etiquetado de los alimentos. Hace ya meses que el modelo Nutriscore navega en la polémica porque la clasificación que otorga a dos productos muy españoles, como el aceite de oliva y el jamón de ibérico, es peor que el de sus cualidades nutricionales y gastronómicas, pero en la rueda de prensa posterior al Consejo del Gobierno de la Junta, su portavoz, Elías Bendodo, nos alertó de los siguiente: “Ahora nos vienen estos señores comunistas a decirnos que el jamón es perjudicial para la salud”.

Como en otros tantos temas, la intervención de Elías Bendodo, consejero de Presidencia del Gobierno de Juanma Moreno, es un mitin, un brochazo de propaganda, una mezcla de verdades y mentiras, un derroche de emocionalidad del que resulta, al menos complicado, deducir qué es lo que ha aprobado ese día el Ejecutivo, por qué y cuál es su calado. El episodio del jamón y los comunistas está en consonancia con los relatos tremendistas de Bendodo, como aquello de que los Gobiernos socialistas habían traficado con vacunas de la gripe, con las cajas ocultas que eran archivadores o las cámaras secretas de San Telmo, donde se guardaban las actas de los Consejos. 



En efecto, el etiquetado Nutriscore es rechazado por muchas organizaciones de productores, y de hecho los ministerios de Sanidad y de Consumo ya lo han manipulado, en el buen sentido de la palabra, para que el aceite de oliva salga mejor parado que lo que sostiene su algoritmo. El Nutriscore califica los alimentos en cinco grupos, de mejor a peor, del verde al rojo granate, de la A a la E, y lo hace en base a un algoritmo que penaliza con puntos las calorías, las grasas insaturadas y la sal, y los mejora con su contenido en fibra y otros productos considerados muy saludables.

El Nutriscore calificaba al aceite de oliva con una D, la segunda peor escala, debido a que se trata, básicamente, de una grasa, pero ha sido trasladado a la C. El jamón de ibérico, sin embargo, tiene una E, por su alto contenido en grasas y en sal. El consumo aconsejado para el aceite es moderado y para el pata negra, ocasional. El algoritmo deja otros destrozos, como la calificación de B para las bebidas carbónicas no calóricas.

Nutriscore no es una ocurrencia del ministro de Sanidad, el comunista Alberto Garzón, que es lo que viene a afear Elías Bendodo. Ni siquiera del Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez, sino que es un modelo europeo que ya se está utilizando en Francia y Alemania. Y esto es sustancial, por cuanto los posibles efectos negativos que para las ventas de aceite de oliva pueda tener el Nutriscore devienen de un uso que van a aplicar otros países. 

Como se sostenía en el citado editorial, el fallo de este etiquetado es un simplismo, se quiere orientar al consumidor con cinco colores sobre una variedad inmensa, casi ilimitada, de tipos de alimentos. En España ya se utiliza un etiquetado nutricional que aporta muy buena información, aunque su lectura es de un nivel más avanzado que la de un libro infantil. La realidad tiene sus complejidades.

Nutriscore fue propuesto por EREN, un equipo de investigación sobre nutrición pública francés, dirigido por el profesor Serge Hercberg. Se basa en la puntuación nutricional de la FSA creado por la Food Standards Agency del Reino Unido.

Los ministerios de Consumo y de Sanidad están desarrollando ahora el reglamento del decreto que estableció este etiquetado. Y es en este momento, cuando el Consejo de Gobierno de la Junta -esto sí- es informado de los problemas que esto traerá para estos dos productos andaluces y de la oposición que la Consejería de Agricultura va a plantear.

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