El ciudadano de a pie está deseoso de que esto, la pandemia, pase de largo de una vez por todas. La idea, la fantasía, no acompaña a los hechos. La campaña de vacunación no acaba de arrancar al ritmo ansiado. Si hay quienes tenían en mente una especie de Blitzkrieg (guerra relámpago) han comprobado, no sin poca frustración, que el proceso vacunal apenas iguala a un modesto torneo medieval. Al menos por ahora.

Los obstáculos que están impidiendo una fulgurante campaña de vacunación son principalmente la escasez en el suministro de vacunas en estos primeros meses, la particular inestabilidad de dos de los preparados para desplazarse a largas distancias y la indicación de la fórmula de AstraZeneca para una población menor de 55 años, cuestiones dignas de tener en cuenta cuando se trata de medicamentos y de una industria que manipula elementos vivos.



Tomarse la carrera de la inmunización como una contra reloj, que es lo que demanda la economía, es ahora una utopía, un objetivo que no puede sino generar desolación en la población que se impaciente. Ante las limitaciones de las vacunas autorizadas, en lo tocante a su naturaleza y escasa distribución, las autoridades recurren a la imaginación para intentar transformar el actual paso de tortuga en un pronto andar al menos trotón.

Si el consejero de Salud, Jesús Aguirre, ha propuesto recientemente al Ministerio de Sanidad más margen de desplazamiento para las vacunas de Pfizer, menos inestables que las casi inmóviles Moderna, hay otras propuestas que están examinándose para acelerar el proceso. Aparte de extraer el mayor número de dosis posibles de los viales disponibles –los “culillos”, que diría aquél–, hay planteamientos para administrar una sola dosis en las fórmulas que presenten unos niveles de inmunidad efectiva suficiente y están quienes investigan cuánto de beneficio se obtiene mezclando dos preparados entre la administración de la primera y la segunda inyección.

Los ensayos están actualmente en marcha y quienes los promueven van en serio. En tanto van llegando los millones de vacunas mensuales, mientras no se acelere todo hasta la velocidad supersónica, la salud en general, la salud mental en particular y la economía siguen resintiéndose.

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