El Centro de Málaga se llena con la la apertura de la movilidad entre municipios

Un simple paseo por el Centro histórico de Málaga confirmó lo que podía presumirse desde el mismo momento en que se anunció que las fronteras entre los municipios malagueños quedaban abiertas, sin límite alguno al movimiento de los vecinos. Y abiertas las puertas, las calles de se llenaron de peatones; el tráfico se hizo más intenso y los locales comerciales y restaurantes recuperaron, hasta cierto punto, la imagen de otro tiempo, en el que el coronavirus era una ilusión.

«Después de tantos días encerrados teníamos que salir», comentaba una vecina de la Cala del Moral que aprovechando la relajación de las medidas contra el Covid aprovechó la ocasión para venir al casco antiguo. Y al tiempo que realizaba algunas compras, disfrutaba del espectáculo de las luces de Navidad. Otra familia, también procedente de la zona este de la provincia, coincidía en la necesidad de acercarse a la ciudad.



Sus casos no fueron los únicos. Residentes de Torremolinos y de otras localidades próximas a la capital se mezclaron con los oriundos de la capital, repitiendo escenas que para mucho son impropias del actual escenario de pandemia. Habrá que esperar algún tiempo para determinar si el paso dado por el Gobierno andaluz tiene o no consecuencias en los números sanitarios.

Presumiendo un incremento sustancial en el número de personas que iban a acudir al Centro, el Ayuntamiento ya anticipó antes del mediodía que incrementaba el dispositivo especial de seguridad ya habilitado en esta zona de la urbe. 31 agentes para controlar Larios y su entorno más directo. E incluso anunció que la calle iba a ser vallada a modo de ejercicio para comprobar el plan de limitación de aforo.

El cierre tenido lugar, aunque mucho más tarde de los esperado. El despliegue policial acotó la vía alrededor de las 20:10, cuando la presencia de público era sensiblemente inferior a otros momentos de la tarde. El pico, según reconocía algunas agentes de la Policía Local consultados se dio pasadas las 18:00, coincidiendo con el cierre de los bares y restaurantes, que tienen aún fijado su particular toque de queda a esa hora.

El concejal de Seguridad, Avelino Barrionuevo, quiso precisar que la acción desarrollada no era más que «un simulacro», con el objetivo de determinar el tiempo de despliegue (cuatro minutos en este primer ejercicio). En el mismo, los efectivos han instalado vallas al inicio de la calle desde la Alameda y en las bocas de acceso por las vías laterales, logrando el cierre del flujo de entrada pero garantizando en todo momento la salida de los peatones.

¿Pero cuánto y cómo se restringirá el paso a Larios? El edil reconoció que no existe un parámetro objetivo y precisó que la orden corresponderá a un inspector de la Policía que estará sobre el terreno y que podrá apoyar su decisión en las imágenes disponibles del sistema de videovigilancia.

Al bullicio aparentemente controlado de la calle Larios, epicentro del espectáculo de las luces navideñas, se le unió durante toda la tarde un reguero de personas deambulando por las vías aledañas, en particular por Nueva. Uno de los ejes comerciales por antonomasia del Centro que mostraba una imagen de otra época.

En la Casa del Libro eran muchos los individuos alrededor de las estanterías y en la tienda de Tiger los clientes eran numerosos. «Hay mucha más gente que cualquier otro día«, comentaba una de las dependientas de este establecimiento, que en su relato comentaba que muchos de los que este sábado se acercaron eran de fuera de la capital.

En la calle Santos, que une Especería con Compañía, las mesas de Casa Aranda se mostraban repletas de consumidores. En el interior empezaba a clarear el salón cuando restaban apenas unos minutos para que se cumpliese la hora tope de apertura. Un camarero, desde el otro lado de la barra, comentaba: «Muchísima más gente que otros días y sin compasión, queriendo consumir cuando son casi las seis».

La jornada ha puesto a prueba el siempre difícil equilibrio entre una actividad económica herida gravemente por tantos meses de restricciones, alimentada por una mayor afluencia de personas que abandonaron sus casas y municipios, y el necesario control sanitario en el actual escenario de pandemia.

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