José Antonio Pérez se encontraba frente a Casa Paco con la pizarra que acostumbraba a anunciar el menú del día. Este emblemático lugar, ubicado en el borde de la antigua N-340, en Churriana, era reconocido como el “bar de los currantes”. Durante más de 75 años, ha sido un punto de encuentro para taxistas, albañiles y trabajadores en general que buscaban disfrutar de una buena comida.

Situado entre Málaga y Torremolinos, justo en frente del Campamento Benítez, Casa Paco era la parada obligatoria para los profesionales con ganas de comer bien. A lo largo de las décadas, ha sido el refugio de todos aquellos obreros y personal de mantenimiento en busca de un lugar acogedor donde disfrutar de una comida reconfortante.

La pizarra a la entrada de Casa Paco solía anunciar platillos caseros y tradicionales que atraían a la clientela habitual y a aquellos que buscaban probar la auténtica comida local. El cierre de este icónico establecimiento marca el fin de una era en la que los trabajadores encontraban un oasis de sabor y camaradería en medio de su ajetreada jornada laboral.

El legado de Casa Paco perdurará en la memoria de quienes lo frecuentaron, recordando no solo la calidad de su comida, sino también el ambiente acogedor y el trato familiar que caracterizaba a este emblemático bar. A través de sus puertas pasaron generaciones de trabajadores que encontraron en él un lugar donde reponer fuerzas y compartir momentos con compañeros y amigos.

El cierre de Casa Paco representa el fin de una era en la que la tradición y la gastronomía se fusionaban para brindar momentos inolvidables a quienes lo visitaban. Aunque ya no esté presente físicamente, su legado perdurará en los corazones de todos aquellos que disfrutaron de su hospitalidad y deliciosos platillos a lo largo de los años.

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