No hay ya protestas durante el acto de entrega de las medallas de Andalucía. Haberlas, las hay en otros sitios de la ciudad y aquí, donde las medallas, las hubo, pero en su tiempo, ya no. Nadie hay quien aproveche la presencia de los focos, las cámaras y los micrófonos que escoltan a las más altas autoridades públicas para hacerse oír. En el mismo lugar donde las asociaciones más críticas solían desgañitarse antaño, impera hoy la placidez, reina la molicie. Las parejas pasean al sol en la calle, los turistas acarrean las maletas a ruedas y las familias visitan la nao Victoria, que reposa en el río después de cumplirse más de cinco siglos de la vuelta al mundo. Eternidad es la marcha que en el interior del teatro entona la Banda del Rosario de Cádiz.

Exteriores. Día. Un dispositivo policial mantiene acotado los alrededores del Teatro de la Maestranza, donde en este momento recibe la Medalla a la Economía y la Empresa José Luis Sánchez Domínguez, de la empresa Sando. Avanza la ceremonia de entrega de las medallas de Andalucía y los títulos de Hijo Predilecto. José Mercé es uno de ellos. “¿Dónde está el baño?”, pregunta el cantaor jerezano en medio de la ceremonia. El público lo celebra en el interior del teatro, en la calle los domingueros solazan en la jornada de miércoles y entre los dos lugares, ni dentro ni fuera, se acumula una minoría que también trabaja durante el Día de Andalucía. Las ataduras son menores en esta zona, pero que nadie cuente con muestras de disidencia.  



Los policías escrutan las inmediaciones del recinto, los escoltas aguardan junto a los coches y el retén del 061 opta por el sol, “a la sombra se queda uno pajarito“, avisa uno de ellos. Un guardia de seguridad llama la atención a los periodistas: “Mirad quién va por ahí”. Es Cayetano Martínez de Irujo el que abandona el patio de butacas para ir al baño, quien sí conoce bien el camino al váter; se ve que a alguna ópera ha venido. Un minuto después sale Mercé a fumarse un cigarro. Lo acompaña una señora y la estatua de Mozart, que está más solo de lo habitual. Un grupo de técnicos no para de rebuscar entre los cables. Esta zona intermedia entre el interior y la calle es la única que suda hoy. Uno de los técnicos silba la Murga de los currelantes, de Carlos Cano, más andaluz que Hércules y que recibió póstumamente el título de Hijo Predilecto en 2001. 

“Si en vez de pajaritos fuéramos tigres de Bengala”, cantaba el compositor granadino, pero pajaritos solamente se quedan quienes paran a la sombra y no constan tigres en esta región intermedia entre los celebrantes del exterior y los concelebrantes del interior. Lo que hay es un dragón, la caricatura de un dragón más bien, y los leones del escudo andaluz en un panel sobre los que se detienen algunos invitados para fotografiarse en la mejor pose. Es el panel de los retratos, un sucedáneo de la alfombra roja de los premios cinematográficos. “Mejor de este perfil”, sugiere un hombre que ha venido con la mejor gala de la que le da de sí el ropero. Ni en las bodas se ve tanta elegancia ni en los herbolarios se huele tanta fragancia.

La ceremonia no ha acabado todavía pero el área que ha sido hasta ahora de los currelantes empieza a bullir con ráfagas de concelebrantes del interior que ni fuman ni buscan ya el baño. El discurso del presidente de la Junta, Juanma Moreno, es la guinda de las más de dos horas que está durando la ceremonia. “¿Y cuánto queda?”, preguntan impacientemente quienes están cargo del protocolo. Moreno sigue su discurso. Los guardias de seguridad se disponen a abrir las puertas aunque el himno andaluz tiene que sonar en un instante. El presidente de la RAE, Santiago Muñoz Machado, enseñará el título a sus queridos al salir del patio de butacas. Todo ocurrirá en unos minutos, pero Moreno sigue hablando. La Banda del Rosario de Cádiz interpretó Eternidad hace casi tres horas. Ay, la eternidad.

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