Volamos en Marte | Diario Ronda

En la actualidad, se está viviendo un verdadero boom con un tipo de instrumentos voladores, llamados drones, normalmente teledirigidos, pero con un fundamento casi idéntico al de un helicóptero, que están siendo utilizados en muchos escenarios: desde juguetes, aspectos deportivos o de ocio, reportajes gráficos, salvamentos (portando alimentos y/o medicinas a accidentados en lugares de difícil acceso, e incluso ofensivos, como portadores de armas destructivas.

Pero digamos resumidamente que la explicación física del porqué estos aparatos vuelan o se mantienen suspendidos en el aire es la fuerza que este fluido ejerce, verticalmente y hacia arriba, sobre sus aspas horizontales (y debido a la forma especial alabeada de las mismas), al girar.

El principio de estas fuerzas es el mismo que el que en un aspa vertical de un avión de hélice hace avanzar al aparato. Y, viceversa, es la fuerza que el viento hace girar las aspas de un generador de energía eléctrica, en un parque eólico. De hecho, uno de estos generadores podría funcionar, de forma reversible, como un avión: administrándole corriente a la turbina, sus aspas girarían (incluso en ausencia de viento) y tendería a desplazarse hacia delante, intentando arrancar a volar, si la torreta a la que está firmemente sujeto se lo permitiera.

Quiero decir con todo esto que para que este principio físico funcione, es imprescindible la presencia de aire (no confundir con viento), o de algún otro fluido (gas o líquido). Por lo tanto no sería aplicable en la luna u otros cuerpos celestes carentes de atmósfera.

Echando una mirada al pasado, ya en el noveno siglo de nuestra era, el árabe rondeño Abbás Ibn Firnás intentaría volar él mismo, atando su cuerpo a un armazón de madera y tejidos de seda y plumas, arrojándose de esta guisa desde una torreta o montículo en La Arruzafa de Córdoba, planeando en el aire durante unos instantes (tiempo no determinado), hazaña de la que resultó un poco maltrecho, pero que se puede considerar el primer vuelo «tripulado» de la Historia.

El helicóptero en Marte

En Marte, su atmósfera es mucho más tenue que en la Tierra, por lo que mantener a un artefacto, tipo helicóptero o dron, en aire, es mucho más complicado que en nuestro Planeta, pues, digamos, es mucho más débil el soporte donde sustentarse.

Por contra, la fuerza gravitatoria de Marte es también menor que en la tierra, por lo que ambas causas se compensan en parte, pero haciendo la actividad de volar mucho más delicada y sutil.

En ello estamos, sin embargo, aunque parezca mentira. Desde abril de 2021, un artefacto muy parecido a un helicóptero o dron hace sus pinitos en la superficie del planeta Marte, elevándose sobre el terreno una pequeña altura, y desplazándose horizontalmente algunos metros, según su programación, o bien cuando se le ordena desde Tierra, a pesar de que estas órdenes tarden más de 20 minutos, an algunas ocasiones, en ser recibidas por el mecanismo del Ingenuity (que así se llama el citado dron marciano).

En efecto, al girar ambos planetas (la Tierra y Marte) alrededor del Sol en períodos diferentes, en ocasiones los dos se encuentran a una distancia mínima (conjunción) de unos 3 minutos luz, aproximadamente, mientras que cuando están en oposición, su distancia es de alrededor de 22 minutos luz.

Exactamente, el conjunto Perseverance-Ingenuity, fue lanzado desde Cabo Cañaveral, en Florida, el 30 de julio de 2020 a las 11:50 (hora UTC), y aterrizó en Marte el 18 de febrero de 2021, a las 20:56 UTC, en la zona denominada cráter Jezero. Si bien no sería hasta el 19 de abril, de ese mismo año, a las 19:34 (siempre hora Universal), cuando el pequeño helicóptero realizaría el primer vuelo experimental.

Se trata de una pequeña aeronave, de menos de 2  kilogramos de peso en la Tierra (1,8 kg, exactamente), y que viajó hasta la superficie del Planeta Rojo, adosado a la «panza» de su nave nodriza, Perseverance (que lo deposito en suelo marciano el 3 de abril de 2021), y con la que intercambia información y asistencia, separándose bastante poco de ella en toda su estancia en la superficie marciana.

El dron marciano ha realizado desde ese primer vuelo otros 25 más, superándose todas las previsiones depositadas en el mismo, en un periodo de poco más de un año de actividad in situ.

Hitos conseguidos

El pequeño helicóptero marciano cuenta ya con más de 46 minutos de vuelo, recorriendo en el aire casi 6 kilómetros. La altura máxima alcanzada, en alguno de los 25 vuelos efectuados, ha sido de 12 metros, consiguiendo una velocidad, también máxima, de alrededor de 19,8 kilómetros por hora, en algunos momentos.

Hemos de decir en este punto que el primer vuelo fue un saltito experimental, en vertical, de sólo 3 metros y unos pocos segundos, volviendo a aterrizar justo en el mismo lugar. Pero luego ha ido paulatinamente aumentando la distancia, altura y tiempo de permanencia en vuelo, como hemos indicando anteriormente, llegando a utilizar hasta 15 lugares distintos de aterrizaje o «aeródromos» de la superficie marciana.

Fue después del quinto vuelo, cuando la NASA cambió el enfoque del Igenuity, pasando de experimental o tecnológica a operacional o de exploración propiamente dicha, pues con sus dos cámaras llegó incluso a panificar y facilitar el desplazamiento en superficie de la que fue su nodriza y continua siendo su base de comunicaciones con la Tierra (el róver Perseverance), ya que el Ingenuity no se puede comunicar con nuestro planeta de forma directa. Valga decir que aunque los técnicos han afirmado siempre que las imágenes obtenidas por las sondas orbitales eran más que suficientes para identificar los caminos más óptimos para el rover, ahora piensan todo lo contrario.

y a partir de ahora, iremos viendo el recorrido, no sólo físico, sino científico y observacional, que el programa Perseverance-Ingenuity nos vaya deparando.

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